Maracay.- Al ver su propio automóvil aparcado en el estacionamiento de lo que minutos antes fue el hotel Eduard’s de Macuto, el bicampeón bate del beisbol profesional venezolano Gorkys Hernández se encaró con la fatalidad de perder en el doble terremoto del 24 de junio de 2026 a su esposa Deisy María, la mujer que lo transformó.
El jardinero sucrense iba a jugar con Delfines de La Guaira un partido de la Liga Mayor de Beisbol Profesional cuando el estadio Jorge Luis García Carneiro se contorsionó con las violentas sacudidas que hicieron crujir el litoral central. De inmediato le vino a la mente Deisy María Tovar, su gran fanática, a quien conoció cinco años atrás en la fiesta de un amigo en Barquisimeto, estado Lara, para luego desposarla. Desesperado, Hernández recorrió los seiscientos metros de distancia entre el parque de pelota y el alojamiento, ya derribado por designio de la naturaleza. Bajo los cascotes yacía su admiradora en jefe, su cómplice de ilusiones, su socia de proyectos, su amor irrenunciable.
Llueve a cántaros sobre el José Pérez Colmenares de Maracay y, rodeado de una atmósfera de melancolía, el outfielder de los Tigres de Aragua habla sobre Deisy María en pretérito y presente. Como el 24 de junio, Hernández se apresta a jugar beisbol. Su principal animadora ya no está, si bien vive en su interior. Con sorprendente entereza, Gorkys Hernández revive el fatídico día de San Juan a las 6:04 de la tarde.
“Como mi esposa siempre llegaba temprano al estadio pensé que estaría en el salón VIP esperando el juego”, rememora el toletero con mejor promedio durante la temporada anterior de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional. “Cuando nos informaron de la caída del Eduard’s no la busqué en el estadio. Fui de una vez al hotel rogando que mi carro no estuviera ahí porque, de ser así, estaría en el parque (El García Carneiro soportó los embates del sismo). La primera impresión fue ver mi vehículo. Significaba que ella estaba ahí. Me derrumbé. Fueron horas de llanto, de súplicas a Dios por su vida, por poder rescatarla”.
UNA ÚLTIMA CONVERSACIÓN
Al dolor de la pérdida se agregó la angustia de no poder recuperar a Deisy de entre las ruinas, labor que tomó largas horas. Hallarla confirmó su tragedia. “Fue duro conseguirla y ver su rostro, en su dedo los dos anillos de matrimonio y compromiso y en su cuello la cadena que le regalé”, musita Hernández, quien todavía recuerda su última conversación con Deisy María.
“Fue a las 5:32 de la tarde”, fija con exactitud. “El último mensaje que me mandó fue sobre metas a cumplir. Hablábamos de negocios, de futuro porque la pelota no será para toda la vida y llegará el momento cuando deba retirarme. De eso conversábamos. Sobre qué vendría después de la pelota y de decirle adiós al beisbol. En qué íbamos a invertir, pues cuando te retiras los ingresos no son los mismos. Si iba a seguir en el beisbol como coach o en otro cargo. Ahora yo, analizando el mensaje, le encuentro un tono como de despedida, recordándome todo cuanto debíamos hacer”.
Gorkys Hernández sintió que, si no había más Deisy María, tampoco habría más beisbol. Fue su reacción primaria, embargado por tanto sufrimiento.
“Pensé en no jugar más por respeto a su memoria”, comparte el exgrandeliga. “Pero un día me levanté y sentí que ella misma me dijo: no puedes dejar de jugar porque esa es tu pasión, lo que disfrutas hacer y lo que yo disfruto que hagas”.

UNA FUERZA DE OTRO MUNDO
Gorkys Hernández no buscó ayuda psicológica para sobrellevar la pérdida de Deisy María. “Creo que soy bastante fuerte mentalmente para afrontar cualquier situación”, asegura. “Y la fuerza para continuar me la dio ella misma. Disfrutaba verme jugar y eso me motivó a demostrar que, pese a las circunstancias, todavía puedo ayudar a los Tigres a cumplir el deseo de ella: vernos en una final. Por eso estoy aquí, afrontando la temporada con todo respeto y humildad para dedicársela a ella dando lo mejor de mí, por ella y por Victoria”.
Victoria es la hija de 16 años de edad de Deisy María. Con ella tiene obligaciones de padre. “Mi hija ha sido otra motivación para mí”, expresa Gorkys Hernández. “Me da fuerzas, me dice que debo seguir jugando con el compromiso de siempre, pese al dolor. Es muy madura. Le ha tocado este proceso en la adolescencia. Ahora debo trabajar el doble para llevarla por buen camino y así se sienta orgullosa de su padre por ser un hombre quien trabajó duro por su bien, para hacer de ella alguien mejor que sus padres, algo que uno como papá siempre quiere. Ella lo está logrando”.

Gorkys Hernández evita recordar a Deisy María con la amargura de la viudez. La porta consigo como fuerza vital, como compromiso existencial. “Cada persona tiene un propósito en la vida y ella lo cumplió conmigo”, reflexiona sentado en la cueva tigrera del José Pérez Colmenares. “Me cambió mucho, para bien. Estando con ella tuve la oportunidad de colgar los spikes, pero me dio aliento diciéndome: por qué te vas a retirar si todavía estás joven y juegas bien. Me levanto todos los días con salud y eso viene de Dios y de la guía de ella por el camino correcto para nunca dejarme vencer ni dejar este trabajo tan bonito que ella disfrutaba hasta más que yo. Teníamos metas juntos y aquí sigo yo para cumplirlas y darle esa alegría, así ella esté en el Cielo. Ella, una muchacha con sueños y ambiciones está allá arriba y nos guía a mí y a la niña. Todos los días uno se acuerda de los momentos vividos juntos. Estará siempre presente, en todo momento”.
EN ANHELO DE UN HOMENAJE
En estos minutos de introspección, Gorkys Hernández trae a la conversación a otra mujer que ha sido pilar en la vida del jugador: su madre. “Yo vengo de un hogar humilde, en el cual mi mamá trabajó duro para que yo fuera una persona de bien”, honra el hijo a la progenitora. “Siempre estaba ahí. Muchas veces me lanzaba el soft toss para yo batear. Ella me llevaba a los juegos y estaba pendiente de mí, dejaba de comer para alimentarme. Hizo de mí un hombre que no le envidia nada a nadie porque trabajo por lo mío; una persona respetuosa de mis compañeros y rivales y de todos los equipos. Y respetuoso del beisbol, que te castiga si lo irrespetas. Yo soy humilde, trabajador, dispuesto a aprender lo que el beisbol te enseña todos los días en cada turno, en cada inning. Ese es Gorkys Hernández, quien llevará la cabeza en alto y la mente fuerte en los momentos malos y que le dedicará esta temporada a ella (Deisy) aun pasando por momentos difíciles”.

Gorkys Hernández ha dado rienda suelta a su imaginación. Proyecta la mirada hacia el Parque Nacional Henry Pittier y lo pinta de fondo para la tarima donde Aragua celebre el campeonato del torneo 2026-2027. “Sería lo mejor: levantar el trofeo de campeón en su memoria, alzarlo bien alto para ella”, fabula uno de los mejores jardineros centrales de la pelota nacional a sus 39 años de edad. “Siempre lo digo: la edad es un número”, reitera.
La misma noche de la conversación, Aragua recibe a los Navegantes del Magallanes. El bucanero Breyvic Valera suelta un palazo que va abandonando el campo por el jardín central. Gorkys Hernández lo intercepta dando un salto, como si quisiera ascender al Cielo y entregarle la pelota a Deisy María como una tercera sortija de compromiso por toda la eternidad.
