Valencia.- Leandro Cedeño nunca se había sentido tan feliz jugando pelota como en esta su primera Gran Final, cuando ha bateado con desmesura. El primera base y aporreador derecho salió de su cautiverio en los Leones del Caracas para conocer la libertad con los Navegantes del Magallanes durante la postemporada del beisbol profesional venezolano y está a punto de hacer campeones a los Eternos Rivales de su novena original, con cuatro jonrones y 12 remolques frente a Caribes de Anzoátegui.
Si la confrontación terminase este 1° de febrero, Leandro Cedeño sería, casi con certeza, el Más Valioso. Los cuatro cuadrangulares y 12 empujadas empatan una marca para estas series, sin que esta haya cesado aún. “Hubiese preferido no saberlo, para evitar meterme presión”, dijo sonriendo frente a las cámaras del canal IVC Networks. Este mismo hombre que ha producido 27 carreras en enero pasó casi todo diciembre encuevado con el Caracas, sin él entender por qué. Ahora, bajo los rayos del sol, le pega a la bola como un desalmado.
“No fue fácil, pero a mí nadie me ha regalado nada. Yo me he ganado las cosas con mi propio sudor”, reflexiona el voluminoso cañonero guatireño, de 27 años de edad. “Gracias a Dios, Magallanes me tomó en cuenta, pese a no ser jugador del día a día con el Caracas. Creo que no los he defraudado. El juego diario se está reflejando en los números”.

La final de Cedeño ha disparado en torno suyo el síndrome del refuerzo. Los fanáticos y, a veces, hasta ejecutivos de la divisa arrendataria, se encariñan con el pelotero y solicitan opción a compra. Leandro Cedeño prefiere ponerse de perfil. “Yo no controlo eso”, apunta desde el José Bernardo Pérez mientras la Nave enciende máquinas. “Soy un trabajador y estoy donde me pongan. Por los momentos, sigo siendo parte de los Leones del Caracas. Si más adelante se da el cambio, o lo que sea, amén. Estaré disponible para jugar, sea con Magallanes, Cardenales, quien sea. Pero ojalá sean los Leones los que me permitan estar diariamente en el lineup para poder hacer lo que sé soy capaz de hacer”.
Leandro Cedeño descuella con más de .600 de slugging entre ronda eliminatoria, semifinal y final. Ya van siete bambinazos en playoff y todavía queda acción. “La clave de mi éxito es estar tranquilo todo el juego, no perder el enfoque en los momentos malos ni salirme del juego por un buen o mal día”, desgrana.
Leandro Cedeño trasciende la caracterización del slugger desaforado que la saca o se poncha. Es capaz de recortar el swing para buscar contacto, como lo hizo en un juego de Round Robin frente a su compañero caraquista Norwith Gudiño, quien reforzó a Cardenales de Lara. De ahí su promedio de .329 entre Round Robin y final. “Depende de la situación del juego”, se explica el paleador. “En un turno de jonrón, busco el contacto fuerte. Pero en ese enfrentamiento contra Gudiño sabía cómo se le mueven los pitcheos y en ese momento sentía la responsabilidad de traer, aunque sea, una carrera y busqué poner la bola en juego. Por fortuna, la pelota encontró un espacio”.

LEANDRO, EL JARDINERO
Cuando Leandro Cedeño estaba con el Caracas durante la fase regular, el mánager José Alguacil advertía que en su roster habría tres peloteros para dos posiciones, a saber, la primera base y el rol de designado. Eran ellos Leandro Cedeño, Aldrem Corredor y el grandeliga Salvador Pérez. A juicio de Alguacil, los tres solo podían cumplir esas dos funciones. Al llegar Cedeño al Magallanes, el piloto puertorriqueño Yadier Molina, en vez de encasillarlo, lo sacó de su nicho y le encasquetó un guante de jardinero. “Tenía cinco años sin usar uno”, reconoce el slugger mirandino.
“Nunca pensé que me iban a usar de esa manera”, admite Leandro Cedeño, quien le atribuye la audacia al coach de control de calidad del Magallanes, Roberto Espinoza. “Él fue la primera persona que me dio la oportunidad de jugar en el outfield. Ya solté un poco la presión por jugar ahí. Me siento un poco más cómodo en la posición”. Al principio, a Cedeño le aliviaba que pocos batazos lo buscaran.
Roberto Espinoza trabaja en Cardenales de San Luis, la organización con la cual Leandro Cedeño saltó al profesional y pasó sus primeras cinco campañas bajo el sistema MLB. “Yo lo entrené para defender los jardines, lo trabajamos allá porque le notamos instinto para eso”, refiere el instructor. “Lo importante aquí ha sido su trabajo, antes y durante las prácticas. Ha estado bajo la mirada de Endy Chávez y Mario Lisson, quienes lo han adiestrado en la lectura de los batazos, en los primeros pasos, en la ubicación. Todo eso lo ha ido recordando”.

Por eso el mánager Yadier Molina ataja cuando se insinúa que andaba improvisando con Leandro Cedeño en los bosques. “Nosotros no hacemos nada a lo loco”, enfatiza.
“El outfield no es algo que le sea ajeno a Leandro Cedeño”, justifica la medida de convertirlo en jardinero izquierdo el gerente deportivo de los Navegantes, Federico Rojas. “Ciertamente, en los últimos años lo ha venido haciendo menos, pero a pesar de su corpulencia, tiene muy buenos desplazamientos. Había que buscar la manera de tenerlo en el lineup junto a Renato Núñez, que atravesaba su mejor momento de la temporada, además de compaginarlo con Luis Sardiñas. Leandro nunca estuvo cerrado a esa idea y ha tenido muy buenas lecturas de los flys en el leftfield. Por supuesto, ni se diga su ofensiva. Entre el Round Robin y la final ya son siete jonrones. Ha dado batazos de mucha importancia. Recordemos aquel juego contra Lara, que fue un sábado de resurrección, prácticamente. Si lo perdíamos, nos ponía en una situación de 3 y 7 que iba a ser muy difícil de sobrellevar.”
El riesgo calculado de Molina, Espinoza y Rojas mandando para atrás a Leandro Cedeño bien pudiera valerle a los Navegantes del Magallanes su decimocuarta diadema en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional. Y a Cedeño, su primer campeonato, en cualquier circuito. ¿Cómo no va a sentirse feliz?




