Valencia.- La unidad seguida de ceros del beisbol profesional venezolano tiene un presente en la pelota y un pasado en la farándula. Jesús Hernández, el pitcher con más innings consecutivos sin permitir carreras en la LVBP, es hoy coach de lanzadores de unos Caribes de Anzoátegui presentes en la Gran Final del torneo nacional gracias al progreso de su destacamento monticular. Durante su ejercicio dentro del deporte ha sido pelotero, scout, instructor.
Y TODO COMENZÓ EN TELEVISIÓN
Para 1990, Jesús Hernández contaba 17 años de edad y estudiaba bachillerato en el liceo Fray Pedro de Ágreda de la parroquia El Valle, al sureste de Caracas. Le gustaba el beisbol y lo practicaba durante su tiempo libre. Cierta vez, recibió una invitación que marcaría su futuro.
“La tía de un amigo mío trabajaba en Radio Caracas Televisión”, cuenta Hernández, antiguo serpentinero diestro. “Y ella le dijo a ese amigo que necesitaban extras para un programa relacionado con beisbol, con el Estadio Universitario como locación. Mi amigo me propuso: ‘vayamos’. Y me gustó la idea. Pero a mi mamá, no. Su respuesta fue: ‘usted no va a faltar mañana a clases por andar en eso’”.
Jesús Hernández siempre ha sido obediente. En su libro de memorias, el expropietario de Leones del Caracas, Oscar Prieto Párraga, se refirió a él como “un tipo cero problemas, de esos échale pichón, yo mismo soy. Un hombre de esos a quien tú le dices: ‘te tienes que tirar por ahí’, y lo hace. ‘Te tienes que poner el uniforme al revés’, y lo hace”.
Pero en aquella ocasión, ante la negativa de su madre, Jesús Hernández desobedeció.
“Al día siguiente me fui con mi uniforme y mi bulto como si fuera a clases, pero me monté con el amigo mío en una camionetica hasta ir al Universitario. En cuanto llegamos, mi amigo inventó que fuéramos al montículo a lanzar unas pelotas antes de grabar el programa”.

UN ENCUENTRO INESPERADO
El unitario de RCTV se llamaba La Raya de Cal y lo protagonizaba el ya afamado shortstop y bigleaguer venezolano Oswaldo Guillén, quien ese mismo año de 1990 ganó el Guante de Oro como mejor torpedero defensivo de la Liga Americana. La historia giraba en torno a un joven don nadie, pobre de chequera y rico en ilusiones de llegar a ser campocorto profesional.
Sin sospecharlo, Jesús Hernández estaba grabando su propia Raya de Cal, con él de protagonista.
“Terminó la grabación en el Universitario y cuando nos íbamos aparecen Pompeyo Davallillo (tercer venezolano en la Gran Carpa y uno de los mánagers más respetados en la LVBP) y el profesor Filardi, quien estaba al frente del equipo de pelota de la Universidad Central de Venezuela. Pompeyo pregunta: ‘¿ustedes eran quienes estaban usando la lomita del estadio sin permiso?’ Yo miré al amigo mío como diciéndole: ‘mira el lio en el cual nos metiste’. Resulta que Pompeyo nos dice: ‘¿ustedes quieren jugar beisbol profesional?’ Le dijimos que sí y nos convocó al día siguiente al Universitario”.
Jesús Hernández era todo euforia en aquel instante, hasta caer en cuenta de que ahora debía confesarle a su madre la jubilada del liceo, contraviniendo órdenes directas. “Menos mal mi papá, que siempre me apoyó, intervino y se mostró dispuesto a llevarnos al try out”.

Jesús Hernández asistió y se convirtió en jugador de los Leones del Caracas. Con ellos estuvo siete campañas, ganó un campeonato y pasó 40.2 innings seguidos sin admitir anotaciones entre las temporadas 1994-1995 y 1995-1996. También reforzó a Tigres de Aragua y Tiburones de La Guaira hasta completar nueve zafras sobre los cerritos de la LVBP. “Nunca firmé con una organización de Grandes Ligas. Solo lancé aquí en la Liga invernal, en la de verano y en México. No la lanzaba muy duro, pero tiraba strikes”.
Scout y técnico con organizaciones de MLB, Jesús Hernández consagra su vida a mejorar a otros y ayudarlos a trazar su propia Raya de Cal en la vida real.



