Valencia.- Cooper Kinney está entusiasmado con su primera prueba como pelotero fuera de Estados Unidos. Aceptó firmar un contrato con los Navegantes del Magallanes, con pocas referencias sobre el país y su competitiva liga invernal. Fue un salto de fe, para satisfacer la curiosidad de quien explora un terreno desconocido.
“Para mí ha sido una experiencia increíble poder estar en otro lugar”, suelta con una amplia sonrisa, en un día particularmente ruidoso en el dugout del Estadio José Bernardo Pérez. “Juego con muchachos de Venezuela y de Estados Unidos, así que esto también me da una buena oportunidad para conocer mejor su cultura y de dónde vienen. Lo estoy disfrutando”.
Cooper Kinney viene de actuar en la filial Doble A de los Rays de Tampa Bay, con sede en la apacible Montgomery, capital de Alabama, famosa por su papel central en la Guerra de Secesión y en el movimiento por los derechos civiles, a cuyo estadio de beisbol (Montgomery Riverwalk Stadium), asisten unas dos mil personas en promedio cada noche para aupar a los Biscuits, sin mucho estruendo, como si se tratara de una reunión social.
Ese ambiente ahora luce lejano, como una realidad alterna. “Toto, tengo el presentimiento de que ya no estamos en Kansas”, diría Dorothy Gale a su perro, tras ser arrastrados por un tornado al mágico mundo de Oz.
“No sabía muy bien qué esperar cuando llegué. Había visto cosas sobre la liga invernal y sobre lo emocionante que son los juegos, pero aun así no sabía qué esperar. Hasta ahora ha sido increíble: los partidos son emocionantes y los fanáticos participan muchísimo. Eso es muy distinto a lo que ocurre en Estados Unidos. Y, sinceramente, hace que el juego sea más divertido”.
Entonces, tras un viaje de hora y media. Llegó el gran día. Conoció el Estadio Monumental Simón Bolívar para medirse a la némesis histórica del Magallanes: Leones del Caracas. Ante una asistencia récord de casi 35 mil personas: “Qué es esto?”.
“Escuché historias de mis compañeros de equipo sobre esta rivalidad cuando hablamos en el clubhouse. Según lo que me han dicho es una rivalidad tremenda, de muchos años”, vuelve a sonreír.
“Todo el tiempo estuvimos hablando de este partido y venir acá a jugarlo es demasiado genial”, agrega. “Lo que puedo decir es que es tremendo, ¡Guao! Yo había visto algunas fotos y videos del parque antes de venir. En esta primera vez te puedo decir que estoy muy impresionado”.
El estruendoso murmullo de los asistentes llegando al Monumental, agregaba mayor electricidad a la atmósfera durante la práctica.
“Estoy muy emocionado y puedo decir que siento mariposas en el estómago al jugar por primera vez aquí… Si llego a batear un jonrón acá será increíble”.
En cada pitcheo, en cada out, en cada inning se vive y se muere en un Caracas-Magallanes. No hay medias tintas. Agradeces y maldices por igual.
“Sí, pero es divertido. Si algún día llegas a las Grandes Ligas, probablemente cada noche será así. Para mí ha sido una gran experiencia jugar en un ambiente tan emocionante y con tanta presión, con un público que se involucra muchísimo”.

TERRENO FÉRTIL PARA EL APRENDIZAJE
Cooper Kinney, de 23 años de edad, apareció entre los 30 mejores prospectos de los Rays de Tampa Bay en 2025 (#24), de acuerdo con MLB Pipeline, y todavía sigue siendo estimado en la organización como pelotero con futuro.
Así que su pasantía por la Mastercard LVBP será importante en su crecimiento profesional.
“Para mí ha sido muy divertido jugar en una liga donde hay muchos veteranos que han estado en las Grandes Ligas y tienen mucha experiencia”, confiesa. “Puedo estar con ellos todos los días y aprender cómo trabajan, tanto a la defensiva como a la ofensiva. Mi parte favorita de este viaje ha sido desarrollarme como jugador al observar a peloteros mayores y con más experiencia, que hacen algunas cosas de manera diferente. Ha sido muy valioso para mí”.
Cooper Kinney fue seleccionado en el puesto 34 general del Draft de la MLB de 2021 y en el verano boreal, tras iniciar la campaña en Doble A, logró su ascenso al Durham (Triple A), tras quemar la Liga del Sur, con una llamativa línea de .303/.379/.523, con 11 jonrones, 44 remolcadas y .902 de OPS, en 56 desafíos. Pero una vez en la antesala a las Mayores, le costó ser consistente (.229/.296/.346).
“Creo que soy un bateador completo”, arguye, de vuelta en Valencia. “Enfrentar a lanzadores que llevan mucho tiempo jugando, que tienen distintos recursos, buen control y saben lo que hacen, ha sido muy bueno para mí”.
“Cuando te enfrentas a pitchers veteranos, ellos saben cómo sacarte out, así que cada día puedo competir contra eso. Me ayuda a ser un jugador más competitivo. Creo que juego duro todos los días, y aquí muchos peloteros hacen lo mismo. Por eso me siento bastante bien”.
BUSCA POSICIÓN
A Cooper Kinney se le ha visto jugar con Magallanes en la inicial, segunda, tercera y en el jardín izquierdo. Igual ocurre en las granjas de Tampa Bay. Pareciera que todavía está buscando un nicho en el que se sienta cómodo.
“Donde me necesiten, con tal de estar en la alineación”, zanja. “Creo que me estoy convirtiendo en un jugador versátil, capaz de jugar en varias posiciones. Principalmente me desempeño en el cuadro: sobre todo en segunda y tercera. También puedo jugar algo en primera, y ahora estoy aprendiendo a jugar en los jardines. Así que podré estar donde quieran o donde me necesiten. Me siento cómodo en cualquier posición del cuadro, especialmente en primera; ya he tenido suficientes oportunidades y sé que puedo hacerlo bien. Me gusta jugar en distintas posiciones”.

YADIER MOLINA ESTIMA SU ESFUERZO
El mánager Yadier Molina ha encontrado en Cooper Kinney un pelotero útil, que siempre está dispuesto.
“Es tremendo muchacho. Tiene un muy buen swing. Y lo más positivo de todo, es que quiere mejorar cada día. Ponerlo en posiciones donde no juega en el día a día, y que tenga siempre disponibilidad de jugarlas, dice mucho del jugador que es. Pienso que es un gamer”.
En el argot del beisbol, un gamer significa ser un pelotero que juega con el corazón, entrega el 100% en el terreno y hace todo lo necesario para ganar, sin importar el dolor físico, el cansancio o las circunstancias del partido.
“Para mi ser dirigido por Yadi es genial, alguien que tiene mucho prestigio en el beisbol”, apunta Kinney.
LOS COMPAÑEROS: “HAN SIDO MUY AMABLES”
Cooper Kinney está afrontando un juego de pelota “diferente” a lo que había vivido. Las reglas son las mismas, pero las condiciones diferentes. Aunque su adaptación no ha sido traumática.
“Mis compañeros han sido muy amables conmigo. Ya conocía a algunos por haber jugado contra ellos en Estados Unidos, y eso ha sido genial. Todos me han recibido muy bien. La cultura es estupenda y tenemos una gran química. Ha sido divertido compartir con ellos: saben cuándo bromear y cuándo ponerse serios. Me encanta”.
Felipe Rivero, el cerrador del Magallanes, entra de improvisto al dugout y deja caer unos “tumbarranchos”. El recinto cerrado hace que el ruido sea mucho más atronador. La humareda tarda en disiparse al igual que el olor a pólvora. Es unas de las bromas de sus cofrades.
“No me gustan los fuegos artificiales”, ríe con complicidad. “Me asustan casi cada vez que los lanzan”.
PROBEMOS LA COMIDA LOCAL
El Estadio José Bernardo Pérez cuenta con una de las mejores ferias de comida de la Mastercard LVBP. Allí se puede encontrar desde arepas y cachapas, pasando por hamburguesas y perros calientes, hasta parrillas, pizzas y shawarmas, con un largo etcétera.
“He probado bastantes cosas. Esa es una de las experiencias que he podido tener. No sabía nada de la comida venezolana, ni de las arepas ni de nada de eso. Tampoco del pasticho. Me parece genial. Está buena, me gusta”.

EL DATO
Cooper Kinney se fue de 3-0 en su primer encuentro contra Leones del Caracas, pero negoció un boleto y anotó la única carrera de los Navegantes del Magallanes, en la derrota 10-1 en el Estadio Monumental Simón Bolívar.



